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Día litúrgico: La Sagrada Familia (B)
Comentario: REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) (Città del Vaticano, Vaticano)
La Sagrada Familia
Hoy celebramos la Sagrada Familia de Nazaret. El contexto es el más adecuado, porque la Navidad es por excelencia la fiesta de la familia. Lo demuestran numerosas tradiciones y costumbres sociales, especialmente la de reunirse todos, precisamente en familia. Jesús quiso nacer y crecer en una familia humana; tuvo a la Virgen María como madre; y san José le hizo de padre. Ellos lo criaron y educaron con inmenso amor.
La familia de Jesús merece de verdad el título de "santa", porque su mayor anhelo era cumplir la voluntad de Dios. Además, siendo una familia como las demás, es modelo de amor conyugal, de colaboración, de sacrificio, de confianza en la divina Providencia, de laboriosidad y solidaridad; es decir, de todos los valores que la familia conserva y promueve, contribuyendo de modo primario a formar el entramado de toda sociedad.
—Hoy damos gracias a Dios, pero también a la Virgen María y a san José, que con tanta fe y disponibilidad cooperaron al plan de salvación del Señor.
Contemplar el Evangelio de hoy
Contemplar el Evangelio de hoy
Día litúrgico: La Sagrada Familia (B)
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones. Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El Niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre Él.
Comentario: Rev. D. Joan Ant. MATEO i García (La Fuliola, Lleida, España)
«Llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor»
Hoy, celebramos la fiesta de la Sagrada Familia. Nuestra mirada se desplaza del centro del belén —Jesús— para contemplar cerca de Él a María y José. El Hijo eterno del Padre pasa de la familia eterna, que es la Santísima Trinidad, a la familia terrenal formada por María y José. ¡Qué importante ha de ser la familia a los ojos de Dios cuando lo primero que procura para su Hijo es una familia!
Juan Pablo II, en su Carta apostólica El Rosario de la Virgen María, ha vuelto a destacar la importancia capital que tiene la familia como fundamento de la Iglesia y de la sociedad humana, y nos ha pedido que recemos por la familia y que recemos en familia con el Santo Rosario para revitalizar esta institución. Si la familia va bien, la sociedad y la Iglesia irán bien.
El Evangelio nos dice que el Niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría. Jesús encontró el calor de una familia que se iba construyendo a través de sus recíprocas relaciones de amor. ¡Qué bonito y provechoso sería si nos esforzáramos más y más en construir nuestra familia!: con espíritu de servicio y de oración, con amor mutuo, con una gran capacidad de comprender y de perdonar. ¡Gustaríamos —como en el hogar de Nazaret— el cielo y la tierra! Construir la familia es hoy una de las tareas más urgentes. Los padres, como recordaba el Concilio Vaticano II, juegan ahí un papel insubstituible: «Es deber de los padres crear un ambiente de familia animado por el amor, por la piedad hacia Dios y hacia los hombres, y que favorezca la educación íntegra personal y social de los hijos». En la familia se aprende lo más importante: a ser personas.
Finalmente, hablar de familia para los cristianos es hablar de la Iglesia. El evangelista san Lucas nos dice que los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor. Aquella ofrenda era figura de la ofrenda sacrificial de Jesús al Padre, fruto de la cual hemos nacido los cristianos. Considerar esta gozosa realidad nos abrirá a una mayor fraternidad y nos llevará a amar más a la Iglesia.
Contemplating tomorrows Gospel
Contemplating today's Gospel
Liturgic day: December 31st (7th Day afterChristmas)
A man came, sent by God; his name was John. He came to bear witness, as a witness to introduce the Light so that all might believe through him. He was not the Light but a witness to introduce the Light.
For the Light was coming into the world, the true Light that enlightens everyone. He was already in the world and through him the world was made, the very world that did not know him. He came to his own, yet his own people did not receive him; but all who have received him he empowers to become children of God for they believe in his Name. These are born, but without seed or carnal desire or will of man: they are born of God. And the Word was made flesh; he had his tent pitched among us, and we have seen his Glory, the Glory of the only Son coming from the Father: fullness of truth and loving-kindness.
John bore witness to him openly, saying: «This is the one who comes after me, but he is already ahead of me for he was before me». From his fullness we have all received, favor upon favor. For God had given us the Law through Moses, but Truth and Loving-kindness came through Jesus Christ. No one has ever seen God, but God-the-Only-Son made him known: the one who is in and with the Father.
Comment: Fr. David COMPTE i Verdaguer (Manlleu, Barcelona, Spain)
«The Word was made flesh»
Today, is the last day of the year. Often, a mixed feelings —even contradictory ones— can be found in our hearts at this time. It is as though a sample of the different moments we have lived and those we would like to have lived make themselves present in our memories. Today's Gospel can help us pour them out, in order to start the new year with strength.
«The Word was with God (...). All things were made through Him» (Jn 1:1.3). When making inventory of the year, it is necessary to think that every day we have lived was a gift. Because of that, and whatever the profit might be, it is necessary to thank God for every minute of the year.
The gift of life is not whole, though. We are needy. Because of that, today's Gospel gives us a key word: "to welcome, to accept". «And the Word was made flesh» (Jn 1:14). Accept God Himself! God, turning into man, puts Himself within our reach. "To welcome" means to open our doors, to allow Him to enter our lives, to be in our projects, in those acts which fill our days. To what degree are welcoming God, letting Him into our lives?
«For the Light was coming into the world, the true Light that enlightens everyone» (Jn 1:9). Accepting Jesus means to allow Him to question us. Letting His criteria influence our more intimate thoughts as well as our social and work performance. Let's reconcile our actions to His!
«Life which for humans was also light» (Jn 1:4). Faith is more, however, than a few criteria. It is our life embedded into Life. It is not only effort —which indeed is. It is, above all, gift and grace. Life received at the heart of the Church, especially through the sacraments. What is the place of the sacraments in my Christian life?
«All who have received Him he empowers to become children of God for they believe in His Name» (Jn 1:12). What a passionate project for the year that we are about to start!