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Contemplar el Evangelio de hoy
Día litúrgico: Lunes 7 de Pascua
Texto del Evangelio (Jn 16,29-33): En aquel tiempo, los discípulos dijeron a Jesús: «Ahora sí que hablas claro, y no dices ninguna parábola. Sabemos ahora que lo sabes todo y no necesitas que nadie te pregunte. Por esto creemos que has salido de Dios». Jesús les respondió: «¿Ahora creéis? Mirad que llega la hora (y ha llegado ya) en que os dispersaréis cada uno por vuestro lado y me dejaréis solo. Pero no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo».
Comentario: Rev. D. Miquel SALÓ Casajuana (Sabadell, Barcelona, España)
«¡Ánimo!: yo he vencido al mundo»
Hoy, Jesús afirma que los discípulos lo dejarán solo, pero añade inmediatamente que no está solo, «porque el Padre está conmigo» (Jn 16,32). Padre, Hijo y Espíritu Santo forman una comunidad de amor. Del mismo modo, los bautizados también participamos de esta comunión de amor; nunca estamos solos: «Precisamente porque Cristo nos ama, no nos deja solos en las pruebas de la vida; nos promete el Paráclito, es decir, el Abogado, el Espíritu de la verdad» (León XIV).
Podemos participar de la vida divina en cualquier momento. Como criaturas, el Padre siempre nos mantiene en el ser. Como bautizados siempre podemos participar de la Inhabitación de la Santísima Trinidad en nosotros. Ten presente que siempre puedes dirigirte al Señor en cualquier lugar y circunstancia. Esta relación con la Trinidad se nutre especialmente en los sacramentos y se ha de manifestar en la práctica de la caridad.
Es necesario cuidar la relación con Dios para hacerla más intensa y viva: participar de los sacramentos (especialmente, la Eucaristía y la Penitencia), tener una vida de más intimidad a través de la oración, la lectura de la Sagrada Escritura o la práctica de la caridad siguiendo las obras de misericordia. Él sale a nuestro encuentro; hemos de acogerle en nuestra persona.
Con la vista puesta en la Ascensión y en Pentecostés, el Evangelio también nos recuerda que Cristo ha vencido a la muerte. Jesucristo ha resucitado realmente. Todavía estamos en el tiempo de Pascua. Jesús nos recuerda que Él ha vencido al mundo (cf. Jn 16,33). Si lo comparamos con el mundo del deporte, sería como estar jugando un partido en el que sabemos que ya está ganado. Esto no significa que no haya peligros; esto no supone no haya necesidad de esforzarse. A pesar de que todavía queda tiempo de partido y que habrá que sudar y sufrir, sabemos que la victoria es nuestra.
¡Siempre de la mano de María! Ella está llena del Espíritu Santo, vivió una vida de gran intimidad con Cristo, lo llevó dentro durante nueve meses, lo escuchó a lo largo de los años y acompañó a los discípulos en la recepción el Espíritu Santo el día de Pentecostés.
Pensamientos para el Evangelio de hoy
«Durante todo este tiempo que media entre la resurrección del Señor y su ascensión, la providencia de Dios se ocupó en demostrar, insinuándose en los ojos y en el corazón de los suyos, que la resurrección del Señor Jesucristo era tan real como su nacimiento, pasión y muerte» (San León Magno)
«Aquí nos interesa destacar el secreto de la insondable alegría que Jesús lleva dentro de sí y que le es propia. Si Jesús irradia esa paz, esa seguridad, esa alegría, esa disponibilidad, se debe al amor inefable con que se sabe amado por su Padre» (San Pablo VI)
«(…) La virtud de la fortaleza hace capaz de vencer el temor, incluso a la muerte, y de hacer frente a las pruebas y a las persecuciones. Capacita para ir hasta la renuncia y el sacrificio de la propia vida por defender una causa justa. (...) ‘En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: Yo he vencido al mundo’ (Jn 16,33)» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1.808)
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